Esta mañana, entre gotas de sol y de agua, -así amaneció Madrid-, hemos celebrado en el Centro San Camilo la Pascua del enfermo. No sé si es un tema muy interesante para un post pero a mí me ha emocionado ver como un grupo de 60 personas mayores, muchas de ellas enfermas, celebraban comunitariamente la Unción.
El Centro San Camilo es un lugar peculiar. Una residencia de personas mayores, muy asistidas muchas de ellas. Una unidad psico-geriátrica donde hay un grupo de personas con un alto deterioro cognitivo y una Unidad de Cuidados Paliativos en la que pasan los últimos días de sus vidas un grupo de 32 pacientes con enfermedad avanzada. En total 180 personas. A lo largo del día de hoy dos pacientes de la unidad han fallecido. Uno más falleció ayer.
Mientras todo esto acontece, con humildad, sencillez y verdad, un grupo de personas mayores y enfermas se acercan a celebrar un rito que se asienta en la aceptación de que la debilidad, la fragilidad, la enfermedad y el morir también son elementos constitutivos y constituyentes de la vida. Aceptación que es transcendida. Porque el rito permite transcender la realidad material y construir una realidad simbólica a partir de la cual la realidad es otra. Enfermo y viejo, pero sano. La enfermedad solo puede ser curada, pero la vida puede ser sanada. Hoy un grupo de personas trascendió la enfermedad y la vejez y pidió lo aparentemente imposible: la sanación.
Cuando los tambores del 15-M parece que se acallan, en el silencio del 29-M éste que escribe vuelve reconfortado a su casa porque no solo los jóvenes transforman el mundo, sino que los mayores, los enfermos, los frágiles, los débiles ponen en sus manos sus pequeñas historias, deciden que ser necesitado y tener necesidad de ser cuidado también es parte de su autonomía, y celebran que Dios nos mira como lo que somos y siempre seremos: sanos a sus ojos.
Xabier Azkoitia Zabaleta
Servicio de Atención Espiritual Centro San Camilo