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. REPORTAJE
¿Utopía o realidad?
ENVEJECER CON ÉXITO
Texto: Dra. Natalia González García / Especialista en Geriatría

La expresión “envejecer con éxito” lleva tras de sí el intento de conseguir un salto cualitativo entre la forma habitual de envejecer, que nos muestran las estadísticas con su carga de procesos crónicos e incapacidades, hasta una situación más o menos ideal, donde el desgaste inevitable se produzca únicamente en el cuerpo.

La búsqueda de una vía que permita mirar con optimismo este objetivo pasa necesariamente por la prevención, surgiendo así el concepto de "gerontología preventiva", definida como "el estudio y la puesta en práctica de aquellos elementos relacionados con el estilo de vida, control del medio ambiente y cuidado de la salud, que puedan maximizar la longevidad con la mejor calidad de vida posible tanto individual como colectiva."

Es importante apuntar que cualquier medida preventiva debe ser tomada cuanto antes, ya que ninguna edad es mala para iniciarla. Los objetivos de la promoción de la salud y de la medicina preventiva en geriatría son: reducir la mortalidad prematura por enfermedades agudas o crónicas, mantener el mayor grado de independencia funcional como sea posible, aumentar la esperanza de vida independiente y mejorar la calidad de vida. En definitiva, mantener el mayor grado de autonomía que nos permita seguir integrados en la sociedad, disfrutando de una buena calidad de vida.

Hábitos de vida
La mejor prevención a cualquier edad conlleva unos hábitos de vida saludable, que comprenden los relativos a la actividad física, alimentación y supresión de hábitos tóxicos.

Existen múltiples evidencias del papel beneficioso de la actividad física en edades avanzadas: mantenimiento de la masa muscular, reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejor control de enfermedades crónicas (diabetes, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica, obesidad, osteoporosis, artrosis...), reduce el numero de caídas domésticas y ayuda a mantener mejor actividad mental ymayor independencia, entre otras.
Cualquier medida preventiva debe ser tomada cuanto antes, ya que ninguna edad es mala para iniciarlas

Es importante recalcar que la edad nunca será una contraindicación, aunque siempre hay que individualizar, según el anciano, el tipo y la intensidad de la actividad a realizar. Las recomendaciones puedan ser muy variadas, desde caminar hasta la práctica de algunos deportes (ciclismo, natación, gimnasia, Tai-Chi...). Conviene recordar que un simple paseo durante una hora constituye una forma muy interesente de mantenimiento físico. En cuanto a la alimentación, debemos recordar que la desnutrición es relativamente frecuente en la edad avanzada, predisponiendo a infecciones, úlceras por presión, fracturas y aumento de morbi-mortalidad. Por tanto es muy importante la prevención de aquellos factores que puedan llevar a la malnutrición: tanto de tipo social (aislamiento, dificultad para acceder a los alimentos o su elaboración, hábitos inadecuados...) como médicos (mal estado de boca, déficits sensoriales...).

Siempre las recomendaciones deben ir en torno a una alimentación variada, rica en alimentos frescos, productos lácteos (un litro de leche diario o sus equivalentes aporta el calcio necesario para prevención de la osteoporosis) y rica en fibra (muy importante para prevención de estreñimiento). No debemos olvidar la importancia de una ingesta adecuada de líquido (recomendado en torno a dos litros diarios).
En cualquier edad, la interrupción del tabaquismo tiene beneficios importantes para la salud: disminuye el riesgo de cáncer de pulmón u otros, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Ante estas evidencias nuestras recomendaciones siempre deben abogar por la supresión del hábito tabáquico.

El consumo de alcohol: salvo contraindicaciones (historia de alcoholismo, pancreatitis, enfermedad hepática, cáncer de orofaringe, hipertensión mal controlada entre otras), puede considerarse aceptable una ingesta de uno o dos vasos de vino al día o sus equivalencias. Estas recomendaciones deben ser revaluadas, ya que en los ancianos las condiciones de salud varían con más frecuencia.

Factores de riesgo
Hasta hace poco tiempo, se le había dado poca importancia al estudio de los factores de riesgo en la población anciana. Pero los estudios han demostrado que la intervención sobre ellos es eficaz y por tanto recomendable.

Aunque los factores de riesgo no se limitan sólo al campo de la patología cardiovascular, nos referiremos a ella fundamentalmente, dada su frecuencia y las consecuencias que conlleva en la población anciana. La cardiopatía isquémica constituye la causa más importante de mortalidad en los países industrializado y el accidente cerebrovascular (o ictus) constituye la segunda causa de ingreso, con una mortalidad también elevada (constituye la tercera causa de muerte, prolongando su efecto hasta cinco años después del evento) y su incidencia se duplica cada década a partir de los 55 años.

Debemos hacer también hincapié en la detección y tratamiento de la hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipemias, obesidad, unido a intervenciones sobre el estilo de vida (dietéticas, ejercicio físico, el abandono de hábitos tóxicos).

Síndromes geriátricos
La pérdida de la audición afecta a un tercio de la población mayor de 65 años, a los dos tercios de los mayores de 70 años y a los tres cuartos de los mayores de 80 años. Sus causas pueden ser múltiples (siendo la más frecuente la presbiacusia). Tiene un gran impacto personal, provoca depresión, aislamiento, pérdida de relaciones sociales y predispone a accidentes (atropellos). Por lo que debe ser muy importante detectarla (nunca ocultarla), valorar su etiología e intensidad y si es subsidiaria de tratamiento.

Los problemas de visión, además de interferir en las actividades de la vida diaria, son un factor de riesgo para caídas (un 18% de las fracturas de cadera se producen por algún problema visual). Es recomendable un examen anual por un oftalmólogo que valore agudeza visual y descarte glaucoma en los mayores de 65 años.

La incontinencia urinaria es un problema muy prevalente en las personas mayores (sobre todo en mujeres). Tiene efectos adversos sobre la salud, favorece lesiones de la piel, predispone a caídas, contribuye al aislamiento, depresión e incluso a la institucionalización, además de importantes costes económicos. Por lo que no debe ocultarse y consultar para su valoración y tratamiento (terapias de entrenamiento vesical, farmacológico o quirúrgico).

La incidencia de caídas aumenta con la edad, siendo un indicador muy importante de fragilidad. Además de las lesiones que puedan ocasionar (fracturas, hematoma subdural, lesiones de tejido blando...), que en muchos casos precisa hospitalización y conducen a deterioro funcional, conllevan riesgo de institucionalización o muerte. Se ha demostrado que la identificación de los factores de riesgo (déficit sensoriales, obstáculos, iluminación inadecuada, patología osteoartrósica...) y asesoramiento sobre las conductas a seguir, reducen la frecuencia y las consecuencias de las caídas.

Es imprescindible recomendar adecuado cuidado de la piel, con correcta hidratación, evitar exposiones excesivas al sol y consultar ante la aparición de cualquier lesión sospechosa. Igualmente en el cuidado de la boca, se recomiendan medidas higiénicas y revisiones periódicas, que limiten la pérdida de piezas dentales o posibiliten su reposición adecuada.

El deterioro cognitivo constituye una de las causas más frecuentes de discapacidad, morbilidad y mortalidad en geriatría. Ante las crecientes perspectivas sobre las posibilidades de prevención y de tratar su detección precoz ha cobrado gran importancia para su manejo, planificación y soporte. Controlar los factores de riesgo antes mencionados tiene un papel importante, en la prevención de las demencias vasculares.

Prevención del cáncer
La mayor incidencia (50% de todos los cánceres) y la mayor mortalidad (60% de todas las muertes por cáncer) de la enfermedad cancerosa se produce en los pacientes ancianos, por lo que su diagnóstico precoz cobra gran importancia en este grupo de edad.

A pesar de ello no existe clara evidencia del beneficio de realizar cribados por encima de los 75 años. Los únicos recomendables para realizar revisiones de forma periódica serían el cáncer de mama (mediante mamografía cada 1-2 años), el de próstata (con el tacto rectal y PSA) y el de colorrectal (mediante recto-sigmoidoscopia en aquellos sujetos con factores de riesgo: historia familiar, antecedentes de enfermedad inflamatoria intestinal, presencia de pólipos).
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Envejecer con éxito