| La expresión
“envejecer con éxito” lleva tras de sí
el intento de conseguir un salto cualitativo entre la forma habitual
de envejecer, que nos muestran las estadísticas con su carga
de procesos crónicos e incapacidades, hasta una situación
más o menos ideal, donde el desgaste inevitable se produzca
únicamente en el cuerpo.
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La búsqueda de una
vía que permita mirar con optimismo este objetivo pasa necesariamente
por la prevención, surgiendo así el concepto de "gerontología preventiva",
definida como "el estudio y la puesta en práctica de aquellos elementos
relacionados con el estilo de vida, control del medio ambiente y
cuidado de la salud, que puedan maximizar la longevidad con la mejor
calidad de vida posible tanto individual como colectiva."
Es importante apuntar que cualquier medida preventiva debe ser tomada
cuanto antes, ya que ninguna edad es mala para iniciarla. Los objetivos
de la promoción de la salud y de la medicina preventiva en geriatría
son: reducir la mortalidad prematura por enfermedades agudas o crónicas,
mantener el mayor grado de independencia funcional como sea posible,
aumentar la esperanza de vida independiente y mejorar la calidad
de vida. En definitiva, mantener el mayor grado de autonomía que
nos permita seguir integrados en la sociedad, disfrutando de una
buena calidad de vida.
Hábitos de vida
La mejor prevención a cualquier edad conlleva unos hábitos de vida
saludable, que comprenden los relativos a la actividad física, alimentación
y supresión de hábitos tóxicos.
Existen múltiples evidencias del papel beneficioso de la actividad
física en edades avanzadas: mantenimiento de la masa muscular, reducción
del riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejor control de enfermedades
crónicas (diabetes, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica,
obesidad, osteoporosis, artrosis...), reduce el numero de caídas
domésticas y ayuda a mantener mejor actividad mental ymayor independencia,
entre otras.
| Cualquier
medida preventiva debe ser tomada cuanto antes, ya que
ninguna edad es mala para iniciarlas |
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Es importante recalcar
que la edad nunca será una contraindicación, aunque siempre hay
que individualizar, según el anciano, el tipo y la intensidad de
la actividad a realizar. Las recomendaciones puedan ser muy variadas,
desde caminar hasta la práctica de algunos deportes (ciclismo, natación,
gimnasia, Tai-Chi...). Conviene recordar que un simple paseo durante
una hora constituye una forma muy interesente de mantenimiento físico.
En cuanto a la alimentación, debemos recordar que la desnutrición
es relativamente frecuente en la edad avanzada, predisponiendo a
infecciones, úlceras por presión, fracturas y aumento de morbi-mortalidad.
Por tanto es muy importante la prevención de aquellos factores que
puedan llevar a la malnutrición: tanto de tipo social (aislamiento,
dificultad para acceder a los alimentos o su elaboración, hábitos
inadecuados...) como médicos (mal estado de boca, déficits sensoriales...).
Siempre las recomendaciones deben ir en torno a una alimentación
variada, rica en alimentos frescos, productos lácteos (un litro
de leche diario o sus equivalentes aporta el calcio necesario para
prevención de la osteoporosis) y rica en fibra (muy importante para
prevención de estreñimiento). No debemos olvidar la importancia
de una ingesta adecuada de líquido (recomendado en torno a dos litros
diarios).
En cualquier edad, la
interrupción del tabaquismo tiene beneficios importantes para la salud:
disminuye el riesgo de cáncer de pulmón u otros, enfermedad coronaria,
accidente cerebrovascular y enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Ante estas evidencias nuestras recomendaciones siempre deben abogar
por la supresión del hábito tabáquico.
El consumo de alcohol: salvo contraindicaciones (historia de alcoholismo,
pancreatitis, enfermedad hepática, cáncer de orofaringe, hipertensión
mal controlada entre otras), puede considerarse aceptable una ingesta
de uno o dos vasos de vino al día o sus equivalencias. Estas recomendaciones
deben ser revaluadas, ya que en los ancianos las condiciones de
salud varían con más frecuencia.
Factores de riesgo
Hasta hace poco tiempo, se le había dado poca importancia al estudio
de los factores de riesgo en la población anciana. Pero los estudios
han demostrado que la intervención sobre ellos es eficaz y por tanto
recomendable.
Aunque los factores de riesgo no se limitan sólo al campo de la
patología cardiovascular, nos referiremos a ella fundamentalmente,
dada su frecuencia y las consecuencias que conlleva en la población
anciana. La cardiopatía isquémica constituye la causa más importante
de mortalidad en los países industrializado y el accidente cerebrovascular
(o ictus) constituye la segunda causa de ingreso, con una mortalidad
también elevada (constituye la tercera causa de muerte, prolongando
su efecto hasta cinco años después del evento) y su incidencia se
duplica cada década a partir de los 55 años.
Debemos hacer también hincapié en la detección y tratamiento de
la hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipemias, obesidad,
unido a intervenciones sobre el estilo de vida (dietéticas, ejercicio
físico, el abandono de hábitos tóxicos).
Síndromes geriátricos
La pérdida de la audición afecta a un tercio de la población mayor
de 65 años, a los dos tercios de los mayores de 70 años y a los
tres cuartos de los mayores de 80 años. Sus causas pueden ser múltiples
(siendo la más frecuente la presbiacusia). Tiene un gran impacto
personal, provoca depresión, aislamiento, pérdida de relaciones
sociales y predispone a accidentes (atropellos). Por lo que debe
ser muy importante detectarla (nunca ocultarla), valorar su etiología
e intensidad y si es subsidiaria de tratamiento.
Los problemas de visión, además de interferir en las actividades
de la vida diaria, son un factor de riesgo para caídas (un 18% de
las fracturas de cadera se producen por algún problema visual).
Es recomendable un examen anual por un oftalmólogo que valore agudeza
visual y descarte glaucoma en los mayores de 65 años.
La incontinencia urinaria es un problema muy prevalente en las personas
mayores (sobre todo en mujeres). Tiene efectos adversos sobre la
salud, favorece lesiones de la piel, predispone a caídas, contribuye
al aislamiento, depresión e incluso a la institucionalización, además
de importantes costes económicos. Por lo que no debe ocultarse y
consultar para su valoración y tratamiento (terapias de entrenamiento
vesical, farmacológico o quirúrgico).
La incidencia de caídas aumenta con la edad, siendo un indicador
muy importante de fragilidad. Además de las lesiones que puedan
ocasionar (fracturas, hematoma subdural, lesiones de tejido blando...),
que en muchos casos precisa hospitalización y conducen a deterioro
funcional, conllevan riesgo de institucionalización o muerte. Se
ha demostrado que la identificación de los factores de riesgo (déficit
sensoriales, obstáculos, iluminación inadecuada, patología osteoartrósica...)
y asesoramiento sobre las conductas a seguir, reducen la frecuencia
y las consecuencias de las caídas.
Es imprescindible recomendar adecuado cuidado de la piel, con correcta
hidratación, evitar exposiones excesivas al sol y consultar ante
la aparición de cualquier lesión sospechosa. Igualmente en el cuidado
de la boca, se recomiendan medidas higiénicas y revisiones periódicas,
que limiten la pérdida de piezas dentales o posibiliten su reposición
adecuada.
El deterioro cognitivo constituye una de las causas más frecuentes
de discapacidad, morbilidad y mortalidad en geriatría. Ante las
crecientes perspectivas sobre las posibilidades de prevención y
de tratar su detección precoz ha cobrado gran importancia para su
manejo, planificación y soporte. Controlar los factores de riesgo
antes mencionados tiene un papel importante, en la prevención de
las demencias vasculares.
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